El manuscrito de 1813 identificado como Lote 78 de la subasta de la Colección y Biblioteca Backal fue identificada por investigadores de la Universidad
    

La casa de Subastas Morton regresó a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) una carta de 1813 firmada por José María Morelos que estaba dirigida al Capitán Gral. Ygnacio Rayón, y que investigadores pudieron identificar como Patrimonio Histórico Universitario.

Morton informó que hoy, en las oficinas de su sede en la Ciudad de México, se hizo la entrega del documento, luego de que investigadores de la BUAP pudieron identificar el documento en uno de los catálogos que la casa de subastas publicó en julio.

En el catálogo de la subasta de la Colección y Biblioteca Backal se puede leer: “Para poder combinar mis planes, y dar órdenes, necesito q. VE. me instruya la fuerza de Armas que últimamente tenía, por ntra. Parte las Provincias de Michoacán, Guanaxuato, fábricas de Polbora y quanto pertenezca a la guerra: y libre las órdenes que a VE. le parezcan combenientes para que se obedezcan las mías, para cuyo buen éxito y seguro cumplimiento va a conducirlas el Padre Melgarejo… Pesoapan, Noviembre 26 de 1813. José Ma. Morelos (firma)”.

La carta estaba identificada como lote 78 y se esperaba vender entre 80 mil y 100 mil pesos; sin embargo, los investigadores de la BUAP mostraron evidencias con las que confirmaron que el manuscrito se había extraviado en 1996 del archivo perteneciente al Patrimonio Histórico Universitario.

Además, los especialistas detallaron que perteneció al corpus epistolar que fue consultado y transcrito en la biblioteca de José María Lafragua, en 1907.

“La gestión del reintegro de la misiva a su lugar de origen se logró con intermediación de Morton Subastas, y en completo acuerdo del coleccionista y consignante que la tenía en su poder”, señaló Morton a través de un comunicado.

La casa de subastas señaló que el documento fue hallado y recuperado por sus dueños; sin embargo, lamentó que la mayoría de los archivos “no cuentan con inventarios detallados de sus acervos por lo que resulta prácticamente imposible demostrar la sustracción y pérdida de los mismos”.

El documento fue recibido por Rosalva Loreto López, directora de Patrimonio Histórico Universitario de la BUAP, y Mercedes Salomón Salazar directora de la biblioteca José María Lafragua, en presencia de Luis López Morton, Presidente y fundador de Morton Subastas y Jaime Gutiérrez de la Peza, apoderado legal de Isaac Backal, poseedor del documento, “que de buena fe lo adquirió de un particular hace más de 20 años, sin saber su procedencia y cuidó de él durante este tiempo”.

La casa de subastas también indicó que “no adquiere los lotes que ofrece en almoneda pública, se limita a ser un intermediario entre particulares; garantizando siempre la visibilidad y transparencia de las operaciones de compra-venta”.

El Universal
Antonio Díaz
Ciudad de México
Viernes 18/09/2020.


·   Conocido como “la Biblia del Oso”, este texto cumple 450 años de su publicación

La Biblia, que es, los sacros libros del Viejo y Nuevo Testamento. Trasladada en español es el título de uno de los textos más valiosos de la Biblioteca Histórica José María Lafragua de la BUAP: la primera traducción completa de la Biblia de los idiomas originales (arameo, hebreo y griego) al español. Publicado en 1569, este volumen es uno de los mejor conservados de los 32 que quedan en el mundo, sobrevivientes de un tiraje de 2 mil 600 ejemplares. De acuerdo con Mercedes Isabel Salomón Salazar, directora del recinto universitario, la conocida “Biblia del Oso” guarda en sí toda una historia.

            El responsable de esta traducción, Casiodoro de Reina, religioso jerónimo del Monasterio de San Isidoro, de origen sevillano, comenzó su proyecto 10 años antes de que su trabajo se materializara en papel. Debido a su simpatía con los ideales del protestantismo, durante ese lapso se vio obligado a huir por distintas ciudades de Europa, como Frankfurt, Londres, Ginebra y Amberes, perseguido por la Inquisición de la Corona Española bajo el reinado de Felipe II. Tras una estancia en Frankfurt, Alemania, Reina se trasladó a Londres tras la coronación de Isabel I, quien abrazó al protestantismo en su país. El religioso gozó incluso de una pensión por parte de la monarca, la cual perdió en el momento que contrajo nupcias.

            Ante el acoso que sufría por espías españoles, Reina se vio forzado a huir nuevamente, refugiándose en Amberes para luego regresar a Frankfurt, no sin antes entregar su manuscrito al Obispo de Londres. Se cree que estando en Frankfurt le fue devuelta la traducción. Cerca de 1564, bajo la protección de la duquesa Renata de Montargis, tres teólogos -Antonio Del Corro, quien le insistía a Reina completar su traducción; Marcos Pérez, un financiero español, y el mismo Reina- estuvieron protegidos en el castillo de Montargis cerca de Fontainebleau, lo que les permitió tener tiempo suficiente para concluir en 1566 la traducción y reunir los fondos para su impresión. Sin embargo, todavía le tomó un año más al traductor completar sus notas y algunas otras correcciones.

            En 1567 se mudó a Basilea donde finalmente la culminó y solicitó los permisos correspondientes para que pudiera imprimirse en un idioma distinto al latín, griego, hebreo y alemán. Un año después obtiene el permiso de imprimir, pero el encargado del taller de impresión, Johan Herbst, había fallecido. Ante este nuevo obstáculo, Thomas Guarin decidió asumir la responsabilidad que implicaba en aquel entonces imprimir el libro de un autor perseguido por la Inquisición.

            Para impedir que el tiraje fuera condenado por la Corona Española -y a modo de seudónimo-, se decidió colocar en la portada una ilustración “cripto simbólica […] para hablar un poco del autor sin mencionar nunca su nombre”, comenta Salomón Salazar, basándose en un artículo de María Dolores Alonso Rey (Universidad de Angers, Francia).

          Así, el ejemplar que resguarda la Biblioteca Lafragua mantiene en sus primeras páginas la imagen de un oso que, con las patas delanteras recargadas en un árbol, lame la miel que cae de un panal.

            “El árbol representa la solidez de la iglesia católica, pero de una de las ramas está colgado un mazo que golpea el tronco. Ese golpeteo simboliza el protestantismo: está representado como un golpe a la estructura de la Iglesia Católica […] el mazo rompe el panal, de donde sale la miel que cae en la boca del oso”, afirma la especialista.

            Asimismo, la escena se complementa con abejas alrededor del panal, un recurso característico del emblema del impresor. En conjunto, la imagen representa el versículo 9 del capítulo 10 del libro del Apocalipsis donde se menciona: “Toma, comételo, porque te amargará las entrañas, pero tu boca será dulce como la miel”. Este pasaje da cuenta de lo que este libro implicó para Casiodoro de Reina: a pesar del aprendizaje que le trajo la traducción de las escrituras de su religión, quedó con las entrañas amargas tras la persecución de la cual fue sujeto.

Llegada a Puebla, una incógnita

Al igual que muchos de los libros que resguarda la Biblioteca Histórica José María Lafragua, no se conoce con precisión cómo llegó este volumen al Fondo Restringido del recinto. Tras su publicación, solo se conservaron 32 ejemplares en todo el mundo, de los cuales dos están alojados en Puebla: además del que posee la BUAP, existe otro en la Biblioteca Franciscana, proyecto conjunto de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) y la Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México.

            El ejemplar posee un sello de tinta del Colegio del Espíritu Santo, el cual a veces crea ciertas dudas pues se ha visto que a varios ejemplares se les aplicó dicho sello, cuyas fechas de edición son posteriores a la expulsión de los jesuitas de Nueva España. Dicho sello aún prevalece bajo custodia de la biblioteca. Por ello, no se ha podido determinar en qué momento ingresó. Adicionalmente al sello, el volumen cuenta en portada con una anotación manuscrita que da cuenta de un antiguo poseedor: “Rotterdam 1708”, la cual vincula el ejemplar a alguna región de los Países Bajos.

          Por otro lado, la encuadernación que tiene el ejemplar es muy posterior, corresponde a una romántica del siglo XIX con una plancha gofrada en el centro de sus dos tapas: “Esta encuadernación para nosotros es importante porque forma parte del corpus de encuadernaciones artísticas de la Biblioteca Lafragua y a su vez de un catálogo colectivo que lidera la Universidad Complutense de Madrid por medio del grupo Bibliopegia, a cargo del Dr. Antonio Carpallo Bautista”, señala Salomón Salazar. La encuadernación, de estilo romántico con cantos azules, tiene decorada la lomera mediante cinco entrenervios falsos decorados con una paleta a base de una línea gruesa y otra más delgada.

            Con motivo del 450 aniversario de su publicación, la Biblioteca Lafragua ofrecerá a mediados de año un curso que se llamará “Desde los orígenes hasta las traducciones más modernas: La Biblia en la lengua de Cervantes (siglo XX a C. a siglo XX d. C.)”, así como una exposición sobre la evolución de la Biblia a lo largo de la historia, ambos en colaboración con Maná, Museo de la Biblia. Dentro de las piezas expuestas, se incluirá un sello postal conmemorativo que Correos de México lanzó con el grabado que motiva el nombre de la Biblia del Oso.

Puebl@Media
Ciudad de Puebla
Domingo 17 de febrero de 2019.


Con la edición facsimilar del Gabinetto armónico, catálogo musical del siglo XVIII, la Biblioteca “José María Lafragua” de la BUAP ganó el Premio Antonio García Cubas de 2017, otorgado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Dicho catálogo, obra de Filippo Bonanni, es considerado el primero en su tipo en el mundo, y fue recuperado bajo una edición crítica a cargo de Marcello Piras y Gustavo Mauleón Rodríguez.

Asimismo, se reconoció con una mención honorífica al Códice Sierra-Texupan, libro de cuentas virreinal único en su tipo, que además recibió la distinción de Memoria del Mundo México, en marzo pasado, dada su extensión, precisión de datos y elaboración.

La versión facsimilar presentada es producto de un trabajo que comenzó Hilda Aguirre Beltrán, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas), y tras su fallecimiento, Cecilia Rossell, académica adscrita a la misma institución, retomó y culminó el trabajo emprendido hace más de siete años.

Para la entrega de estos galardones, el jurado evaluó no sólo la calidad de las técnicas mediante las cuales se reprodujeron los manuscritos, sino también la relevancia de su aporte a los estudios actuales en Antropología e Historia.

Además de un diploma y una estatuilla, la universidad se hizo acreedora a un monto de 50 mil pesos, mediante la compra por parte del INAH de títulos del catálogo de la Biblioteca Lafragua y de la Dirección de Fomento Editorial.

Labores de rescate documental

Cabe señalar que el Gabinetto que se encuentra al resguardo de la máxima casa de estudios de Puebla carece de algunas hojas en la parte inicial, por lo que el volumen facsimilar fue posible gracias a la colaboración de la Biblioteca Nacional de España, la cual cuenta con una copia que incluye las faltantes.

Gracias a ello, uno de los tomos de la edición presentada a concurso reproduce fielmente el contenido del libro publicado en 1730.

Por su parte, el segundo tomo presenta un estudio introductorio y la primera traducción italiano-español que se hace del manuscrito, lo que representó dificultades debido a cambios lingüísticos entre el italiano del siglo XVIII y el actual, incluso para Marcello Piras, coautor y hablante nativo de dicha lengua.

Mientras que la edición del Códice Sierra-Texupan incluye un acercamiento crítico al documento, en el cual destaca el análisis hecho a los glifos que contiene.

Una gran parte de su importancia radica en las técnicas tradicionales de su manufactura, así como en la forma en la cual está escrito, pues a pesar de que la comunidad de donde procede se encontraba en la Mixteca Alta de Oaxaca, está redactado en el náhuatl, mediante alfabeto latino, y pictogramas, debido a que fungió como libro de cuentas entre los años 1551 y 1564.

Angulo 7
Puebla, México
Lunes 13 noviembre 2017.

Es la primera en México que participa en el Consorcio de Bibliotecas Europeas de Investigación

Con un acervo bibliográfico que sobrepasa los 90 mil volúmenes, entre los que destacan más de 50 mil libros antiguos de los siglos XVI, XVII y XVIII, entre éstos 16 incunables, la Biblioteca Histórica “José María Lafragua” de la BUAP es uno de los recintos de consulta más importantes del estado, orientado a la investigación especializada, para lo cual dispone de un sinnúmero de materiales de gran diversidad temática.

Inaugurada en 1874 como Biblioteca del Colegio del Estado, aunque su acervo comenzó a formarse desde que se fundó el Colegio del Espíritu Santo de la Compañía de Jesús en 1587, se trata de la primera en México que participa en el Consorcio de Bibliotecas Europeas de Investigación (CERL, por sus siglas en inglés), cuyo objetivo es compartir recursos y experiencias entre las bibliotecas de investigación para mejorar el acceso, el uso y la conservación del patrimonio bibliográfico del mundo.

Sus servicios traspasan el claustro universitario al brindar asesorías a otras bibliotecas y centros, como el Fondo Antiguo de la UNAM, la Secretaría de la Marina Armada de México, la Unidad de Servicios Bibliotecológicos y de Información de la Universidad Veracruzana, el Centro Cultural Vito Alessio Robles de Saltillo, Coahuila, y la Francisco Burgoa de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), entre otras.

De acuerdo con su director Manuel de Santiago Hernández, este recinto se organiza a partir de tres ejes: conservación preventiva y mínima intervención; generación de instrumentos legales que permiten el reconocimiento institucional y social del patrimonio documental; y difusión de los contenidos temáticos. Esto último dirigido a investigadores para temas especializados, pero también para todo público con el fin de que conozcan sobre los bienes culturales que resguarda esta biblioteca, a través de visitas guiadas, exposiciones presenciales y digitales, presentaciones de libros, conciertos, conferencias, talleres y cursos.

La biblioteca posee, asimismo, una rica colección del siglo XIX, en la cual se encuentran la Grammaire Egyptienne de Champollion, edición príncipe del libro en el que se expone el método de desciframiento de la escritura jeroglífica egipcia; The Orchidaceae of México and Guatemala que muestra ejemplares de orquídeas, algunos ya extintos, iluminados a mano; The Antiquities of México de Lord kingsborough que reproduce -lujosamente- un conjunto de códices indígenas mexicanos, así como un atlas de anatomía humana cuyas láminas son cromolitografías de gran detalle.

Incunables y algo más

Entre los libros producidos durante los siglos XVI, XVII y XVIII se encuentran 16 incunables -impresos durante los primeros 50 años de la invención de la imprenta de tipos metálicos móviles (1450-1500). La obra más antigua: un Breviario Romano, libro manuscrito de 1370, elaborado con vitela, pergamino de gran delgadez hecho de piel de animales jóvenes, que tiene preciosas letras capitulares, miniadas y elaboradas con oro.

Otros notables son las obras de Erasmo de Rótterdam, la Turris Babel de Atanasio Kircher, las obras del jesuita Suárez, varios ejemplares del Maleus Maleficorum (El martillo de las brujas), y la edición de El Quijote de 1780, entre muchos más.

La Biblioteca Histórica “José María Lafragua” también custodia una rica colección de documentos históricos de gran valor como los códices Sierra- Texupan y Yanhuitlán, del siglo XVI, este último fue prestado a la Biblioteca Francisco Burgoa de la UABJO para integrar los tres fragmentos de este códice que se completó después de tres siglos (cada uno de los fragmentos estaban en posesión de las bibliotecas Lafragua, Francisco Burgoa y del Archivo General de la Nación), y que hoy son exhibidos en ese recinto oaxaqueño.

Los niños también tienen cabida

La biblioteca reserva, igualmente, un espacio para los más pequeños. Al respecto, Manuel de Santiago explicó que a través de su contenido digital que se encuentra disponible de manera gratuita en www.lafragua.buap.mx, los menores tienen acceso a una gran cantidad de temas. Tal ha sido el impacto de esta página que su contenido ha llamado la atención de niños de otros países, como fue el caso de uno de siete años originario de Croacia, quien con ayuda de sus padres obtuvo imágenes del códice de Yanhuitlán, mismas que fueron recopiladas en un álbum personal.

Lafragua, una biblioteca del presente

Uno de los proyectos en los que hoy participa la Biblioteca Histórica “José María Lafragua” es el denominado “Los Primeros Libros de las Américas”, que se basa en una colección digital de impresos mexicanos y peruanos del siglo XVI, que se encuentran en diferentes bibliotecas del mundo.

“Esta propuesta nació a partir de la iniciativa de la biblioteca Lafragua y de la Cushing Public Library de la Texas A&M University. A la fecha somos 21 bibliotecas las que participamos en este trabajo”, indicó Manuel de Santiago.

Otro proyecto es el “Catálogo Colectivo de Marcas de Fuego” que se inició junto con la Biblioteca Francisca de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), y que consiste en una colección virtual de las imágenes de las marcas de fuego -señal carbonizada mediante un instrumento metálico candente-, colocadas principalmente en los cantos de obras impresas desde la segunda mitad del siglo XVI, hasta las primeras décadas del siglo XIX. Actualmente en este trabajo participan 17 bibliotecas del país y el mundo.

La BUAP, a su vez, trabaja con el Jardín Botánico en un herbario de más de mil ejemplares, elaborado por profesores y estudiantes de El Colegio del Estado en el siglo XIX, el cual ha sido digitalizado para su consulta en línea.

“El jardín Botánico nos ayudó con la identificación taxonómica de algunos ejemplares de este catálogo, que habían cambiado a través del tiempo y de los que era necesario hacer correcciones”, explicó.

Otros programas internos incluyen la presentación, vía internet, de la colección de más de dos mil estampas que fueron modelos de enseñanza de la Academia de Bellas Artes de Puebla. Además, un proyecto llamado “Testigos” que consiste en un catálogo de los elementos dejados en el interior de los libros, como estampas, notas, billetes de lotería, textos, oraciones y recortes, por citar algunos. Esta curiosa tarea tiene como propósito dar a conocer los hábitos y prácticas de lectura de las personas de épocas pasadas.

Para la preservación de su rico acervo, la Biblioteca “José María Lafragua” cuenta con equipos tecnológicos como escáneres aéreos para la digitalización de los textos, un catálogo en línea, una base de datos que permite el control interno de todo el material y un conservador dedicado a la estabilidad de la colección, equipado con termohigrómetros especiales que determinan la humedad o temperatura que existe en el lugar.

Sin duda, la Biblioteca Histórica “José María Lafragua” ocupa un sitio destacado entre las bibliotecas de su tipo en México, con un rico fondo bibliográfico de cerca de 90 mil volúmenes. Un tesoro cultural de Puebla para el mundo.

Puebl@Media
Ciudad de Puebla
Viernes 23 de enero de 2015.

 

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