La metamorfosis; de guajolote a pavo

06 Abr 2011
75929 times


Por Enrique Aguirre

La tía Porfiria tenía un guajolote -chico, no muy grande- que todos los días  se paseaba, melancólico, en un área de cuatro metros cuadrados de cemento, que comprendía la terraza de la casa, en espera, tal vez, de mejor suerte.

El emplumado animal, a la vista de todos era pacífico, aunque otros en la familia más bien lo consideraban estúpido, pues su banal existencia se limitaba a comer y zurrar por todos lados, además de atrapar pequeñas piedrecillas que atesoraba en el "buche".

La gallinácea  llegó a la casa de la tía, como un presente de su comadre que vive en la Sierra Norte. Lo que llamaba la atención de aquel ser emplumado y ruidoso eran todos "alias" que capitalizaba y con los que fue nomenclaturado en su trayecto del campo a la ciudad.

En su hábitat natural, es decir, en donde nació  el guajolote, región marginal y deprimida de la geografía local, el animalejo se llamaba "Totol" o al menos así  lo dijo Doña Elpidia, quien cargó varios kilómetros con ese espécimen de seis kilos de carne, huesos, plumas y horripilantes patas grises.

El traslado del guajolote se hizo a hombros; el animal se quedó atado de patas y boca abajo ¿O pico abajo? y horas después de una larga travesía fue depositado en el rancho de Los Morales y quedó encargado, con un escueto recado verbal:

--"Que aquí está el Totol de la maestra" dijo.

Algunos días después, Don Benigno, el lechero, quien hacía frecuentes viajes, de la ciudad al rancho de Los Morales, recibió  el encargo  de la tía, para recoger el guajolote.

--"Vengo por el "Cono" de la maestra".

A don Benigno, no se le daba mucho el arte de la "conversa", por ello fue muy escueto; sin embargo, la asistenta de la cocinera, fue de inmediato al corral, y de entre  una centena de guajolotes de todos los colores  y tamaños, identificó de inmediato al ejemplar  en cuestión y lo inmovilizó, sin necesidad de propinarle algunas "cachetadas guajoloteras".

Don Benigno, -aun cuando le endilgaron el pesado animal-, no tuvo mayor trabajo que ponerlo en la caja trasera de la camioneta y se olvidó de éste hasta que se encontró de  nueva cuenta en la ciudad.

El desgarbado animal, luego de ser desatado fue lanzado al pequeño patio de cuatro por cuatro. Con todo y que la terraza era plana, anduvo trastabillando por largo rato, hasta que se acopló a su nueva morada.

Por la mente de la tía Porfiria de inmediato pasaron las fechas de los onomásticos familiares más cercanos, pero ninguno ajustó a su plan, por lo que de inmediato convino en que diciembre ya no estaba lejos y, pensó en voz alta:

--"Lo voy a engordar y este pavo será para la cena de Navidad".

Ahí, nuevamente el animal cambió de apodo, y de golpe y porrazo mudó  de "Guajolote" a “Pavo".

En la casa de la tía Porfiria, todos recuerdan la broma que doña Quetita -mamá de la tía- le gastó al tío Roberto, varios años atrás, pues estaban indecisos en la manera en que se debería guisar un guajolote para el cumpleaños del tío.

Como nadie se decidía a proponer un platillo en especial, doña Quetita lo consultó directamente con el tío, previo recorrido desde la "cocina de humos" hasta la sala, sin reparar  en que el tío Roberto se encontraba rodeado de sus amigos, con los que hacía gala de sus grandes virtudes de jinete consumado.

Así, Quetita, con la autoridad moral de suegra, le espetó a su yerno, directo y a bocajarro:

--"¿Y bueno...siempre, cómo vas a querer el Guajolotueres?"

Sobra decir que aquella expresión motivó las carcajadas y el escarnio  al tío Roberto, hecho que nunca le perdono a Quetita, ni después de muerto.

Pero, volviendo a la triste e inútil vida del guajolote, a los pocos días  de estudiar  su comportamiento, todos en esa casa pudieron percatarse de que, en efecto, era guajolote y no guajolota.

Aquello quedó demostrado una vez  que las hijas de la tía, por descuido, dejaron abierta la puerta de la terraza y entre cautela y curiosidad, el plumífero llegó hasta la recamara de la tía Porfiria.

Para sorpresa del propio guajolote, en medio de muebles chippendale, sobrecamas bordadas y algunas figurillas de porcelana chichimeca; una imagen parecida a la suya, -de guajolote- del mismo peso y color, “apareció" del otro lado del espejo del gran ropero de la dueña de la casa.

El descerebrado guajolote, ni  tardo ni perezoso, se abalanzó con todo su poderío contra su virtual contrincante; luego de dos o tres lances propios para el mejor palenque del país, el regordete pollo se dio por satisfecho, erizó su polvoriento plumaje y se dio la media vuelta caminando de tres cuartos y salió en actitud triunfante.

Escoba de por medio, la "Gallina Peruana", -como han dado llamarle en Centroamérica-, fue desalojada, inmediatamente que terminó su ruidosa confrontación  con el espejo.

La escena, por desgracia -para el guajolote-, se repitió varias semanas después, con resultados desfavorables para el espejo. Alguien dejó  abierta la puerta,  y nuevamente se introdujo el guajolote, ahora con mayor seguridad y con la certeza de volver a encontrar su emplumado adversario.

Corroborada la sospecha del gallináceo de que en el otro lado del espejo habría otro guajolote con pretensiones expansionistas, así, como queriendo invadir la intimidad de su cuadro de cuatro por cuatro, este inició una tanda de patadas voladoras que serían la envidia de Jack Chan y Bruce Lee juntos.

El antiguo y enorme espejo biselado sucumbió  rápidamente y quedo hecho añicos en el piso. El guajolote se dio por servido, no así la tía Porfiria.

La pírrica victoria del desgarbado pajarraco motivó un inusual ajetreo culinario en la cocina y el saleroso animal fue transformado en "Mole de Guajolote", con mucha anticipación a la Navidad y sin santos o cumpleaños de por medio. ¡Mera represión, pues!

Jueves 07 de abril de 2011.

Rate this item
(1 Vote)

Leave a comment

Make sure you enter the (*) required information where indicated. HTML code is not allowed.

 

El mundo es comprendido por el paradigma, es la forma por la cual es entendido el mundo, el hombre y por supuesto las realidades cercanas al conocimiento.

Síguenos en Twitter